lunes, 21 de diciembre de 2009

Secta destructiva

El tema de la dominación del hombre por el hombre es muy conocido en la historia, Marx estudio a fondo esta cuestión muy lúcidamente, luego manipularon su ideología, y fue la mejor forma de destruirla. El método más eficaz que he conocido para dominar al hombre fue el ideado por “San Ambrosio” que fue amigo y consejero de tres emperadores romanos, uno de los cuales impuso el cristianismo. Ambrosio también fue el encargado de darle forma a la actual Biblia, palabra de Dios donde figurara que Jesús es Dios y los pastores y jerarcas su voz. En el Concilio de Roma de 382, donde se estableció la lista completa de la Biblia, su nombre figura en las actas inmediatamente después del nombre del Papa San Dámaso, amigo suyo.
Todo este sistema de dominación cayó con el liberalismo del siglo XVIII, pero de la misma forma que el cristianismo se apropio de los símbolos de otras religiones, el liberalismo económico hizo suya la panacea de la libertad, dándole autonomía absoluta al capital, colocando al dinero por encima de la persona, pues la gente sí que estaba sometida a leyes. Este sistema se desplomó con la crisis del 30, con la gran depresión.
La secta actual que domina el mundo es una escisión de de este movimiento sociopolítico, que combina la libertad económica, con la intervención estatal (no es casualidad que la crisis la resuelvan los gobiernos con nuestros impuestos). Y todo esto con la doctrina de que consumiendo somos más felices (a mayor consumo más se recauda en impuestos), poniendo nuestras esperanzas en un futuro donde consumiendo el último modelo, encontraremos el gozo, que no hemos podido saborear con el producto actual. Por esto la moda y la innovación no es casualidad, está todo diseñado. San Pablo nos prometía la vida eterna pagando en esta con nuestro sufrimiento a imitación de Cristo, ahora se nos promete la vida plena consumiendo el nuevo producto que está por venir. Pero vida solo tenemos una, y opciones dos: Ser borregos destinados al matadero sin rechistar o linces disfrutando de nuestra madre naturaleza.

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