sábado, 5 de diciembre de 2009

El escaso poder de la oración


Si entendemos la oración como súplica o ruego que se hace a Dios o a los santos o elevación de la mente a nuestro Señor para a pedirle mercedes. Creo que tiene poca eficacia, una porque no sabemos muy bien lo que nos conviene y dos porque Dios no tiene nada que ver con el conjuro o la magia, es decir, yo digo unas palabras y se me cumple tal cosa. Es verdad que la Biblia dice que pidamos, pero también se reflejan peticiones incumplidas en mismo San Pablo pide varias veces que se le retire una dolencia pero esta no desaparece y siente que Dios le dice que la gracia le basta. 2Corintios 12,8-9
La vida espiritual es algo más serio, tiene que ver esta con la gracia y el esfuerzo. Por una parte tenemos todo lo que gratis nos ha dado Dios; empezando por la vida, la naturaleza, nuestra propia conciencia… Todo esto es un regalo, pues no está demostrado que haya sido conseguido por el trabajo del hombre; la palabra evolución no quiere decir logro humano. Por otra parte poseemos la capacidad de construir y colaborar con la obra del Creador. Pues sin esfuerzo y empeño, no conseguiremos nada.
Por tanto la espiritualidad consiste en la combinación de dos realidades, mi esfuerzo que se verifica en el trabajo constante y la voluntad Divina que se demuestra en la gracia creadora del Gran Espíritu. La conexión entre la criatura y el creador es lo que genera la espiritualidad, no tanto como creencia sino más bien como opción de vida por el amor. Las creencias separan como demuestran los conflictos religiosos de todos los tiempos. Y la opción de vida amorosa une como se demuestra en la teología de la liberación donde los teólogos no tienen inconveniente en utilizar el análisis marxista de la realidad, muy a pesar del Papa.
Ahora bien si concebimos la oración como conexión con Dios y como fuente de inspiración de nuestros actos, creo que no solo es eficaz sino fundamental. Y como lo esencial no es que nosotros nos acerquemos al Creador, sino que Dios se aproxima a nosotros; no es de extrañar que se muestre a través de personas teóricamente ateas, desde su conciencia y su trabajo por identificar la naturaleza de las cosas.

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