domingo, 20 de diciembre de 2009

Alimentando a la bestia

Durante los primeros veinte años de mi vida, pasé bastante de la religión y me reía mucho de los que iban a misa, después por cuestiones de amor y amistad me fui acercando a una iglesia de barrio, donde el calor humano y las actividades de grupo hicieron que me adhiriera a ella. Posteriormente en un retiro espiritual, empecé a sentir con mucha intensidad una fuerte presencia de amor en mi interior y como no sabía muy bien que era aquello, me dejé guiar y denomine a mi sentir experiencia con Jesucristo.
Durante veinte años estuve alimentando a la bestia de la iglesia católica con mi dinero y con mi trabajo en grupos de jóvenes y adultos, en colectivos de base, movimientos apostólicos y parroquias. La llamo bestia porque ha ido arrasando la liberta, la igualdad y el progreso de la humanidad. En España la inquisición abolida definitivamente el 15 de julio de 1834 sembró el terror por el país; la conferencia española apoyo el alzamiento de Franco, generando una guerra de tres años con muchos muertos y una posterior dictadura nacional y católica, donde no existían las libertades individuales. España ha cambiado pero la iglesia no, sigue siendo jerárquica, antidemocrática y la representante de Dios en la tierra (según ella).
La iglesia católica sigue subsistiendo gracias a gente de buena fe que practican el bien al prójimo y que aspiran a que la jerarquía cambie; pero esto nunca pasará porque el Concilio Vaticano II, en su constitución Lumen Gentium, art. 25 dice: “los fieles, por su parte, tienen obligación de aceptar y hacer suyo con religiosa sumisión de espíritu el parecer de su Obispo en materia de fe y de costumbres”. Un laico jamás podrá tener poder pues este reside en los obispos por designio divino. Por todo esto, hoy sigo creyendo en Dios, pero considero que las instituciones religiosas son una rémora para la evolución personal y espiritual de las personas. Se puede hacer el bien y creer en Dios sin apoyar instituciones fundamentalistas.

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