viernes, 4 de diciembre de 2009

Moral católica

Me sorprende que aún hoy en día mujeres maltratadas continúen al lado de sus cónyuges por motivos religiosos, bien sea porque lo que ha unido Dios no lo puede separar el hombre, o bien porque si se separan no tienen derecho a rehacer sus vidas con otra relación. Por esto yo les digo en nombre de Dios a todas las mujeres del mundo, que se divorcien, si sus maridos las maltratan físicamente o las humillan psicológicamente; nunca quiso Dios que una mente domine a otra.
En esta materia yo tengo la misma autoridad religiosa que el Papa y los obispos, o sea ninguna. Pues la voluntad de Dios nunca se puede reglamentar en normas y menos en leyes, como por ejemplo las regulaciones de indisolubilidad del matrimonio.
Lo máximo que puede hacer la autoridad religiosa más grande del mundo es aconsejar u orientar, indicando el camino para la relación personal con Dios, pero nada más. Pues a Dios jamás le ha visto nadie y solo Él sabe lo que quiere de cada persona y es cada individuo el que debe descubrir en su corazón el querer y el hacer divino.
La separación entre las autoridades religiosas y políticas debe de ser total. Pues la política es la organización a través de leyes para el justo funcionamiento de los pueblos. Y el ámbito de acción de lo religioso es lo trascendente, la relación con Dios, lo metafísico y esto es totalmente personal, no se puede normalizar, pues es algo no cuantificable. A Dios no se le puede ver ni medir ni pesar. Su existencia es como la del amor, real pero no sujeta a medición ni a norma.
Lógicamente, la voluntad de Dios tiene una gran incidencia en lo mundano. Él lo ha creado todo y le interesa lo que hacemos aquí. Pero esto siempre es un ofrecimiento personal o comunitario, nunca está sujeto a normativa. Por esto pienso que una persona espiritual puede ser un gran político, y hacer grandes leyes que hagan una sociedad más justa, pero nunca podrá justificar o autorizar su actuación con el nombre de Dios.El Dios que adoran los americanos y el que veneran los iraquíes, es el mismo, es el Dios de Abraham. No puede decir cosas diferentes, dejemos de tomar el nombre de Dios en vano. Y en nombre de Dios os digo que huyamos de todos los que hablan en nombre de Dios. Y en mi nombre os digo que todas las noches o mañanas dediquéis un ratito a la reflexión y a la oración, es decir a hablar con el Gran Espíritu y a escucharle, y cuando él coloque palabras en nuestra mente o corazón, pongámoslas en práctica y según los frutos que produzcan sabremos si vienen de Dios

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